martes, 28 de octubre de 2008

31 - Mi sexto cliente : los mercaderes de “les hauts champs”


Sexto y último, ya lo aviso. Además, aunque uno sea escéptico en estas cosas, siempre existe un regusto particular en pensar que el destino te depara pequeñas sorpresas. El que fuera uno de los gerentes que me entrevistó en mi proceso de selección en AC será mi jefe (era director asociado en ese momento) en este cliente, mi último jefe, y así se cierra el círculo. Era Mr. Whopper. Ya sé que sólo es una casualidad y que lo del destino (su predeterminación, me refiero) es algo más que cuestionable, pero me gusta verlo así.

Con este cliente regreso al mundo de los distribuidores, esos intermediarios que generando volumen rascan centésimas en los precios de compra para obtener grandes beneficios (precisamente buena parte de estos beneficios son de carácter financiero, habida cuenta de los grandes volúmenes de recaudación que tienen y los alargados plazos de pago a proveedores que aplican, pero esto es otra historia), cada vez que llenamos nuestros carros en sus grandes superficies comerciales. Estos mercaderes eran muy distintos a los “no venecianos”. Para empezar entrar en sus oficinas era como retroceder 50 años en el tiempo : muebles viejos, olores húmedos, espacios oscurecidos. Para continuar su personal tenía una cualificación menor, con poca iniciativa, con menos rodaje empresarial. Los “no venecianos” eran la modernidad, el empuje, el avance. Estos eran la lentificada actitud impasible del quehacer diario. (Quizá pueda pensarse que soy muy subjetivo en esto que digo, puede ser, pero tal es mi recuerdo, tales son las sensaciones que me vienen cuando escribo sobre ello).

Me asignaron a este proyecto para ser el gerente que coordinara todos los proyectos en marcha en este cliente, que no eran muchos (mucho menos presupuesto que lo que se tenía con los otros mercaderes), en sustitución de Mr.Whopper que, en palabras propias, “ya estaba muy mayor” para pelearse con el cliente sobre horas y recursos. La relación era de bodyshopping para el desarrollo de proyectos que supuestamente lideraba el propio cliente. Supuestamente porque la ineficacia y la falta de capacidad de dicho cliente lograba retrasar constantemente las fechas previstas en el plan de trabajo. Y en eso iba a consistir mi trabajo : por una parte tirar de las orejas del cliente para que avanzara y cumpliera plazos en las partes del proyecto que eran su responsabilidad, y por otra, asegurarme de que la rentabilidad del proyecto por parte de AC se mantuviera dentro de lo razonable, teniendo en cuenta que este cliente por momentos era un agujero negro que no paraba de pedir más y más recursos para aligerar las desviaciones en fechas del proyecto. Y ahí venía el tercer frente, lograr facturar dichos recursos adicionales que este cliente pretendía recibir gratuitamente como “valor añadido” por nuestra parte.

Sinceramente no fue un proyecto ni un cliente interesante. Aprendí bastante poco y llegué a aburrirme soberanamente en algunas reuniones burocratizadas sobremanera. En cuanto al equipo nuestro que ya estaba trabajando en el cliente, no me sentí muy cercano a ellos, eran desconocidos para mí, con metodologías y hábitos de trabajo que me resultaron en todo momentos extraños y excesivamente rígidos. Todo me resultó excesivamente protocolario y burocratizado, alimentaban un engendro muy bien uniformado pero que se movía lentamente y balbuceaba futilidad.

Y lo "mejor" del cliente y del proyecto, Mr. Betanio, el responsable de sistemas financieros de la empresa, un patán al que habían dado una patada lateral dentro de su propia empresa y había sido arrinconado en ese tugurio pseudotecnológico del organigrama. Pero este “ascenso” profesional no le impedía comportarse como (pero sólo "como") un gran gurú de la metodología de desarrollo de sistemas y en sus ratos libres como académico de la lengua. Entre una cosa y otra, siempre encontraba algún momento para mostrarse como un acosador de la escasísima plantilla femenina de la empresa, en concreto, de nuestra jefe de equipo, que tuvo que sufrir sus babosos comentarios propios de viejo verde y salido.

No voy a entrar en los detalles de los proyectos que nos traíamos entre manos, os aburrirían. Eran temas relacionados con procesos de pago, generación de remesas, adaptación de sistemas al Euro y alguna cosita más.

Lo único interesante que hice fue trabajar en un entorno de factoría de desarrollo de software (o cómo deshumanizar los entornos de trabajo con un enfoque taylorista eufemizado con una fachada de economías de escala), también conocidas como "software factory", como otra forma de realizar desarrollos de sistemas, algo que nunca había hecho. Tras realizar el diseño, la implantación se decidió realizar de forma externa en nuestra factoría de Madrid, lo cual me permitió conocer las cuestiones específicas de esta forma de trabajar y como ventaja añadida el no tener que verle la cara tanto a Mr. Betanio, dado que durante este tiempo yo reservaba mi JIT (así se llamaba a esa mesa que podías reservar para que fuera tu "despacho" durante un día o unas horas, con tu teléfono y tu extensión, tu toma de red y hasta, si querías, te ponían la foto de la familia, la pelotita antiestrés y tu estilográfica favorita, que guardabas en una caja cuando dejabas el "despacho") en la factoría de la calle Madera y pasaba el día junto al equipo de analistas y programadores.

En cuanto a la carga de trabajo en este cliente, pues se redujo notablemente considerando de dónde venía, con lo que prácticamente todos los días cumplía con mi horario contractual : salía a las 19h excepto los viernes que salía a las 15h (a la vejez viruelas, dicen).

Teniendo en cuenta que yo ya estaba con la puerta de la jaula de oro abierta y dispuesto a largarme agarrado a la primera oportunidad razonable que me surgiera, mi estancia de unos pocos meses en este cliente me resultó desapasionada e insípida. Pero ahí estaba Mr. Betanio, para echarle sal al tema.

Lo mío con Mr. Betanio fue amor a primera vista. Desde el primer momento surgió la chispa y de ahí al incendio faltaron sólo unos meses. No me gustó su carácter prepotente y chulesco, su dicción “perfecta” que salpicaba el ambiente con gotitas de su saliva, su enfoque academicista y decimonónico de las tareas a realizar (lo que para mí era un informe de progreso, para él era “oficina de proyectos”), sus aires de mandamás venido a menos con una condescendencia cínica con su gente. No quería ver que estaba muerto en su propia empresa y que por mucho que hiciera le costaría resucitar, aunque su nombre le augurara éxito en esta tarea.

Conforme pasaron los meses, surgieron fricciones entre Mr. Betanio y yo, pequeños desencuentros. Mr. Whopper me contaba que recibía llamadas de Mr. Betanio quejándose de mí, porque no le hacía las reverencias que él necesitaba para sentirse importante. Por una parte, Mr. Whopper me decía que le atara corto, que controlara que no pidiera recursos excesivos, su afición favorita, un siempre más porque nunca es suficiente. Por otra parte le bailaba el agua (el estribillo de la canción de La Cabra Mecánica del final de este vídeo es toda una metáfora mía hacia Mr. Betanio, y con perdón) a Mr. Betanio para tenerlo contento. Yo me obcequé y no cedí y lo tuve a pan y agua hasta que se hartó.

Era una tarde gris cuyo gris se acrecentó al entrar en el despacho de Mr. Betanio, que quería hablar conmigo : necesitaban más recursos nuestros para cumplir las fechas del proyecto. Cuando le expuse claramente la causa de dicho retraso (sus chicos incumplían repetidamente los compromisos adquiridos) le cambió la cara. Aun así me pidió una persona más para ayudar al avance del proyecto. Le dije que sin problemas, que ésta era la tarifa. Me dijo que me olvidara de la tarifa, que el compromiso de AC con sus clientes era la tarifa y que quería el recurso gratis. Le dije que no. Me exigió el recurso. Le dije que sí pero a la tarifa. Delante de mí cogió el móvil y llamó a Mr. Whopper. A la mañana siguiente Mr. Whopper le concedía el recurso gratis ("que cargue a una cuenta de promoción", me dijo, ya sabéis las cuentas de formación o de promoción que servían para aliviar cargable en los Jobs) y Mr. Betanio sonreía y sus labios tenían la forma de un cuchillo afilado. Cuando cargar en la cuenta de promoción era ya imposible (cuestiones de los controllers internos de AC) y los recursos adicionales tuvieron que cargar en la cuenta del proyecto, las desviaciones económicas se acrecentaron. Cuando lo revisé con Mr. Whopper, la culpa era mía, olvidando todos los recursos gratis que le había concedido a Mr. Betanio en contra de mi opinión. Yo no entendía muy bien qué razones tenía para estar constantemente dándole un trato de favor. Tampoco era tanto el dinero que movíamos con ese cliente y las expectativas de futuro eran muy pocas. Era un cliente bastante agarrado para pagar a consultores, además de que le gustaba eso de la "consultoría interna".

La puntilla en la relación llegó otra tarde en la que Mr. Betanio fijó inopinadamente una reunión con nosotros en la que pidió expresamente que acudiera nuestra jefa de equipo. Le dije que andaba muy liada en factoría y que podría acudir sólo yo para tratar los temas que le preocupaban (siempre le preocupaban muchos temas estúpidos), pero él insistió en que viniera ella, cuyo punto de vista era crucial en la reunión, dijo él.

Ya reunidos y todavía sentándonos, su verborrea machista comenzó a fluir. Recreo sus comentarios, que no son literales, pero que no se alejan mucho de lo que tuve que oír :

-Mira qué guapa vienes hoy, y Yuki que quería privarme de tu presencia. Perdóname Yuki, pero tú eres más bien feo y las reuniones hay que alegrarlas con alguien como X –X sonreía tragando bilis-. Hay que ver lo bien que te sienta ese vestido, cómo realza tus formas –señalándose su pecho con ambas manos en gesto de pedir limosna-, porque nuestra relación es profesional, que si no..... –la baba le caía ya por las comisuras, los ojos lúbricos inyectados en testosterona.
-Mira, Betanio, me parece que todos esos comentarios están fuera de lugar y no son propios de una reunión de trabajo entre profesionales. Será mejor que nos centremos en los asuntos que te preocupan –
interrumpí inevitablemente, era tan penoso ver la cara de X aguantando esos comentarios, tan obscenas las palabras de Mr. Betanio.

Supe al momento que Mr. Betanio no tardaría en llamar a Mr. Whopper para mostrarle su desacuerdo con mis palabras hacia él. Así que conforme salíamos de la reunión llamé yo primero a mi jefe y le conté lo que había pasado. Él se limitó a escucharme, a decir esa frase tan suya de “mucha pomada, mucha pomada” y a no darle mayor importancia. Efectivamente mientras hablaba conmigo tenía la llamada entrante de Mr. Betanio en el móvil. Al día siguiente me contó que Mr. Betanio estaba muy enfadado porque no le gustaba mi forma de trabajar, ni mis enfoques, ni nada mío (que no fuera físicamente de su agrado llegó a reconfortarme). Pero en ningún momento hizo referencia a la situación que inició la reunión ni los comentarios que le dedicó a nuestra jefa de equipo. Mr. Whopper lo dejó pasar, con muchas risas, un poco de cinismo, “mucha pomada” y fin de la historia. Pero para mí, había cuestiones que prevalecían por encima de los números, de la facturación, de los negocios y de los proyectos, y era la educación y la dignidad de las personas.

Que el cliente se queje de ti, es una de las grandes maldiciones del consultor, y yo lo sabía. Pero, sinceramente, me daba igual, actuaba como un kamikaze, pero poco me importaba.

Así fue este cliente : por una parte un individuo detestable que no paraba de pedir más y más sin pagar y que pretendía someter a todo el mundo a su alrededor a su dictadura personal y profesional recibiendo a cambio la sonrisa de los sometidos. Por otra un jefe con una actitud un tanto indolente y despreocupada con el cliente, sin querer ver la realidad de las cifras y los resultados que estábamos obteniendo. Supongo que su actitud era como la mía, con algo de desilusión : él veía muy lejos el momento en que le hicieran socio (al final lo hicieron, pero lateralizado), yo sabía que mi objetivo primero era buscar la palabra “exit” en las paredes de AC (se había producido un apagón, habían saltado las luces de emergencia, y yo buscaba la salida). Así que no habría ningún Betanio que nos afectara en gran medida.

Pero como el “cargable” (otro palabro muy consultoril) no era del 100% en este cliente, todos estos meses últimos en AC también me dediqué a cuestiones varias : propuestas con Mr. Cr (que se ve que le gustaba mucho cómo las hacía), colaboraciones en reuniones de enfoque de clientes, actividades de “recruiting”, etc... Pero de todo ello hablaré en la siguiente entrada, el final en AC.

5 comentarios:

luis.[tic616] dijo...

Yuki, esta es la descripción del proyecto pesadilla para un gerente. Con todos los ingredientes para envenarte: cliente inútil, proyecto de poco interés, jefe que te desautoriza, poca venta, ...

No me extraña que buscaras el cartel de "Exit" (por cierto me ha gustado mucho lo de "yo sabía que mi objetivo primero era buscar la palabra “exit” en las paredes de AC, se había producido un apagón, habían saltado las luces de emergencia, y yo buscaba la salida")

Nunca tuve la desgracia de tener todos los ingredientes en el mismo proyecto pero sí cada uno de ellos en varios proyectos. La verdad es que hay que tener aguante.
De todos ellos el que más odio es el del cinismo de tu jefe: lo de dar pomada y luego desautorizarte. Estos días que hemos estado conversando sobre motivación, este post tuyo es perfecto para ilustrar lo que puede ser la receta perfecta para la desmotivación.

Un saludo

Yuki dijo...

Tic616 : plenamente de acuerdo con tu comentario. Éste era un proyecto desmotivador. Y más considerando que venía de otro donde había tocado fondo. A veces pienso que este cliente fue justo el necesario para catalizar mi huida de la Jaula de Oro. Si hubiera sido un cliente o un proyecto motivadores (como el que tuve en la mina de carbón o mis primeros proyectos), igual hubiera cambiado de parecer y hubiera continuado motivado para seguir en AC. Pero no, el universo conspiró con este cliente para definitivamente hacerme escapar. De todas formas, mi proyecto realmente pesadilla fue el quinto (Los malteses), ése sí que fue una pesadilla pero a lo gore. Éste no tanto pesadilla pero sí la puntilla final para irme.

Muchas gracias por tu comentario.

Angel Medinilla dijo...

Joroba. Luego me cuestionan si no hay veces en las que hay que despedir a un cliente.

Lo de decirle que no al cliente, que llamen a tu jefe y este conceda de todo lo he vivido en carnes propias. Con el tiempo, yo era para el cliente un tío con criterio y mi jefe un vendemotos. Lamentablemente no siempre las cosas funcionan así.

Anónimo dijo...

Me da pena que se vaya a acabar, porque escribes y describes muy bien. Leyéndote recordaba el proyecto que has mencionado en tu comentario, el de la mina de carbón, donde sólo el interés que pusiste describiéndole hace ver lo mucho que te gustaba entonces tu trabajo.

Una pena que casi a partir de ahí todo fuera de decepción en decepción.

Surrealista lo de:

"Hay que ver lo bien que te sienta ese vestido, cómo realza tus formas –señalándose su pecho con ambas manos en gesto de pedir limosna-"

¿De qué fecha estamos hablando? ¿Ha habido alguna vez cafres semejantes a nivel internacional, o el cazurrerío es un mal exclusivo de nuestra esquina? (esta pregunta vale no sólo para esta anécdota, sino para muchas de las que has reflejado en otras entradas)

Yuki dijo...

Angel m : efectivamente, no siempre las cosas son así. Si el cliente es alguien como el que yo describo, un narcisista arrogante y poco capacitado, pues no hay mucho más que hacer, sobre todo si tu jefe no lo ata corto o no te ayuda a que tú lo hagas. Era un juego casi esquizofrénico. Es improbable que una consultora le diga NO o despida a un cliente, por cuestiones de imagen y cifras. El criterio para atender a un cliente suele ser el volumen de facturación (los peZqueñitos no, gracias), salvo que por cuestiones estratégicas interese algún cliente pequeño pero con potencial o éste sea una forma de entrar en otro más grande (empresas joint-venture, filiales de grandes grupos, etc...). AC nunca va a ir a reunirse como Pepito y Manolito, S.L. Además, probablemente, no podrían pagarlo. Probablemente por eso la consultoría de Pymes sigue siendo un nicho de mercado a prospeccionar.

V. : cuando dije que este era el último cliente, me refiero al último en AC. El alcance inicial que preví para el blog era continuar contando mi etapa como director de TI en otra empresa, así que no es el final del blog. Es cierto que el proyecto de la mina para mí fue el mejor, el más bonito y donde más "feliz" me encontré profesionalmente. Luego, el de los mercaderes no venecianos, también fue bonito y lo disfruté mucho. A partir de ahí ya fue el declive, donde acometí mi propio "despido interior" personal e intransferible.

En cuanto al comportamiento de Mr. Betanio (responsable por parte del cliente) con sus comentarios tan insultantes hacia mi compañera, pues corría el año 2000, fíjate tú, a las puertas del nuevo milenio y del nuevo siglo. Afortunadamente, un individuo como éste no era ni es algo habitual. En general, en este sentido de ser un pozo de lascivia contenida que se manifiesta de esa forma, fue el único que conocí. Ningún otro en los clientes que conocí ni en AC se comportaba de esa forma, por supuesto.