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miércoles, 23 de abril de 2008

16 - Mi segundo cliente : Los pescateros ( II )

Sobre este proyecto tengo numerosas anécdotas y cuestiones que comentar, por lo que lo haré brevemente y de forma algo desordenada, pero numerada.

1.- En 1994, la Web era un “invento” de reciente creación. También se ponían en marcha redes privadas de comunicaciones. En aquellos años enviar un correo electrónico era una novedad un tanto misteriosa, que no siempre funcionaba bien. En AC se comenzó a implantar la infraestructura para aprovechar los recursos de la Web y las redes privadas para, entre otras cosas, el envío electrónico de ficheros ( algo bastante más allá de los “file transfer” y el “carbón copy” que empleábamos en aquel momento ). Pero todavía era novedoso y poco estable y yo pude comprobarlo en mis carnes.

Resulta que, estando en la oficina pendiente de que el departamento de Gráficos me acabara una presentación que se exponía al día siguiente en el sitio del cliente ( a muchos kilómetros de la oficina ), habíamos previsto realizar el envío de la presentación de forma electrónica : desde mi dirección de correo a la dirección de correo de uno de los gerentes, empleando la infraestructura ( versión beta todavía ) de AC. A las 19h, tras varios intentos fallidos para enviarlo, avanzaba en un taxi veloz por la Castellana camino al aeropuerto para coger el último avión hacia el cliente con el disquete debajo del brazo.

Yo fui el correo suplente, cual Strogoff, que consiguió que el fichero con la presentación estuviera impreso a la hora prevista en las oficinas del cliente ( el coste de dicho envío mejor ni pensarlo : avión, mis horas a valor de tarifa interna acorde con mi categoría, la noche de hotel,… ). Lo mejor de todo es la bronca que recibí por parte del socio por lo ocurrido. De nada me sirvió culpar a la tecnología felona. La culpa era mía, me dijo, por no haber previsto un mecanismo de contingencia en previsión del fallo ( como haber retenido y amordazado al técnico de sistemas de nuestra oficina para que hubiera solucionado la transmisión o haber emulado a Tim Berners-Lee y haber inventado una nueva Web - la “Güeb” made in Spain - o cualquier otra cosa ). Y desde el punto de vista profesional, no le faltaba razón. Se me evaluaba por resultados y la responsabilidad de que el fichero no llegara telemáticamente era mía y sólo mía. Puede que suene injusto, pero era así.

2.- Recuerdo una ocasión en plena tarde veraniega, que el otro senior y yo nos quedamos embobados mirando a la gente bañarse en la playa a través de la ventana en las oficinas del cliente. Serían las cinco de la tarde y todavía el sopor de la comida nos anquilosaba las meninges. Inopinadamente el socio entró en la habitación donde estábamos y lo que pudo ver fue a sus dos jefes de equipo contemplando lo que les estaba negado. El socio hizo un comentario irónico sobre nuestra experiencia bucólica y nosotros enmudecimos avergonzados.

3.- En otra ocasión me ocurrió uno de esos momentos de trágame-tierra que todos hemos tenido en alguna ocasión. Acababa de hablar por teléfono con el senior de estrategia, y como teníamos mucha complicidad, en un tono muy distendido y relajado. Me dijo que miraba una cosa y me llamaba de nuevo. Cuando volvió a sonar el teléfono, lo cogí diciendo “dime, cariño”, en línea con el tono de la conversación anterior. Pero no era él, era el gerente "quijotil", que, resuelto, me contestó : “qué cariñoso que estás hoy conmigo”, y continuó con lo que era el motivo de su llamada. Todavía me río ( un poco amargamente ) de aquello.

4.- Otra situación típica en este cliente era mirar la montaña los viernes por la mañana para ver si había mucha niebla y muchas nubes. En ese caso, las probabilidades de que el avión no despegara o no a tiempo eran altas y eso significaba que o regresaríamos tarde a nuestras casas o lo haríamos el sábado. La contemplación de las montañas el viernes por la mañana se convirtió en un hábito y “que no haya niebla-que no haya niebla” en todo un mantra repetido por los miembros del equipo. En muchas ocasiones conforme avanzaba la mañana se despejaba el día y respirábamos entonces aliviados por poder regresar. De hecho, en una ocasión no pude acudir a la boda de una amiga y compañera de trabajo un viernes por la tarde por uno de estos retrasos. Cuando llegué a casa ya eran casi las doce de la noche y la oportunidad de acudir a la boda era inexistente y mi cansancio manifiesto, así que me fui a dormir “sin pasar por la casilla de salida”.

5.- Este proyecto fue uno de los más difíciles, ya lo dije, pero también uno de los más estresantes y que más esfuerzo, dedicación y horas nos requirió. El cénit del caos tuvo lugar un día que teníamos un Informe de Progreso con el cliente. La noche anterior estuvimos toda la noche, insisto, toda, trabajando en ello; y además todos ( los gerentes se fueron a eso de las 3 de la madrugada ) y nosotros ( los dos seniors y un pitufo que teníamos ya con nosotros , lo de “pitufo” con todo mi cariño ) continuamos hasta el amanecer. Tras haber cenado pizza, transcurrió toda la noche delante del Power Point a seis manos, para aplicar todos los cambios que nos habían indicado los gerentes ( tras un largo consenso entre ellos, por la cuestión de la bicefalia que ya comenté ).

En un momento de la noche, el pitufo estaba metiendo datos en una tabla a dos dedos índice mientras yo le dictaba los números. Cuando alcé la vista hacia él ( alertado por la cadencia monótona y regular del tecleteo ) me lo encontré con los ojos cerrados sosteniendo a duras penas la cabeza y con los dos dedos índice disciplinadamente pulsando alternativamente las teclas…. al azar. La tabla se había convertido en una amalgama de letras y números totalmente desordenada mientras él continuaba con su tarea, pero sin oír lo que yo decía y sin ver lo que estaba haciendo. Lo desperté y le dije que se fuera a dormir un rato a una sala, que yo continuaría. ( Por cierto, este pitufo ganaba más dinero al mes que cualquiera de los gerentes : entre las dietas sin justificar y el pago del kilometraje que la firma le hacía por aportar su coche a la infraestructura del proyecto, pasaba de las 500.000 ptas. al mes en aquellos años ).

Al día siguiente llegaron los gerentes y nosotros ya teníamos todo el informe acabado y estábamos imprimiéndolo. Conforme salían las hojas de la impresora, uno de los gerentes ( el quijotil ), bolígrafo en ristre, comenzó a aplicar nuevos cambios ( no eran errores, eran cambios a ultimísima hora ). Al final la sala se convirtió en una fábrica de hojas impresas bajo modelo JIT y no acababa de salir una hoja cuando ya tenía anotado un cambio. Recuerdo que al final nos plantamos ante el gerente y, lo más educadamente posible pero con firmeza, le mostramos nuestro desacuerdo con lo que estaba haciendo.

Fue necesaria la intervención de la otra gerente para que se guardara el boligrafito de una p…ta vez. Ello nos provocó un retraso importante y la reunión comenzaba a la hora prevista. Los gerentes entraron en la reunión con sólo una parte del informe y, por fascículos, íbamos subiendo el resto ( hay que tener en cuenta que de cada fascículo había que hacer copias para cada uno de los asistentes ). En un paroxismo inolvidable, recuerdo el momento en que los gerentes se metían en el ascensor para ir a la reunión con la primera entrega y conforme se cerraban las puertas yo avanzaba veloz hacia ellos con una segunda entrega. Metí la mano en el ascensor, les entregué las hojas, pero las puertas del ascensor me mordieron la muñeca y al retirarla en puro acto reflejo el reloj se separó de la cadena y cayó al suelo en dos partes ( mi precioso Seiko que me compré en el “Todo 56” de Nueva York. Por cierto, el socio de este proyecto tenía uno igual, lo cual consideré como un augurio, ¿malo?, y una señal ). Mi reloj sufrió daños colaterales por fuego amigo.

La reunión al final salió bien y casi no se notó el pequeño desorden que la precedió. Era viernes y cuando me tumbé en mi cama esa noche dormí unas 16 horas hasta la tarde del sábado ( la noche anterior no había dormido y encima el vuelo salió con retraso, una vez más ).

6.- Uno de los momentos más difíciles para mí en este cliente y, creo, en toda mi vida profesional fue la Reunión de Presupuestos. En una dramática concurrencia de factores de mala suerte ( estaba yo sólo ese día en el cliente porque el otro senior y los gerentes estaban en nuestra oficina ), el cliente exigió tener una reunión con los consultores sobre cómo iban a realizar los Presupuestos Anuales de acuerdo con el nuevo modelo organizativo de la red comercial. Me llamó uno de los gerentes y, como quien te habla del tiempo mientras se toma una caña y mira los resultados de fútbol, me dijo que YO tenía en un par de horas una reunión de presupuestos con las direcciones comercial, marketing, producción y logística. Os podéis imaginar la cara que se me quedó. Me resultaba increíble que me asignaran la presencia en esa reunión, cuando además el consultor asistía en calidad de conductor de la reunión para asesorar al cliente sobre los cambios en el procedimiento de realización de los presupuestos de la empresa. Si acaso hubiera sido asistir para poner la oreja y tomar notas, pues perfecto. Pero asesorar sobre cómo elaborar el presupuesto era como pedirme que diera una clase magistral en chino sobre las leyes de Kirchhoff. Con dos años y medio de experiencia, ya había aprendido algunas cosas, pero, os aseguro, que de presupuestos de empresa tenía la misma idea que de fabricar cohetes espaciales. Además, ese tema todavía no lo habíamos abordado, ni siquiera internamente, en el proyecto y no había nada definido. Y, lo peor de todo, en mi opinión, el gerente lo sabía y sabía que no se me podía exigir que fuera un gurú de presupuestos. Pero, aún así, prefirió echarme a las fieras del circo romano, por más que yo le insistí que no lo hiciera y que aplazara la reunión de alguna forma hasta que él pudiera asistir a esa reunión, y de esa forma, no perjudicar el proyecto, ni a mi, claro está.

Así que dos horas después allí me encontraba yo, poniendo mi mejor cara de profesional experto, rodeado de los capitostes de la compañía, ávidos por saber cómo iban a realizarse los presupuestos el año siguiente con el nuevo modelo de la red de ventas. Hay que tener en consideración además los problemas propios de la Gestión del Cambio asociada a todo cambio en organización y procedimientos de una empresa y el rechazo implícito por parte de los usuarios a dicho cambio. O sea, que yo era el consultor responsable de que ellos tuvieran que cambiar su forma de trabajar ( la que llevaban toda la vida aplicando ) el año próximo. La escena no pudo ser más triste y lamentable, por más que yo empleara mis mejores dotes para sobrevivir en ese mar de tiburones. La verdad es que no recuerdo bien cómo finalizó la reunión ( sería un shock post-traumático que te provoca una amnesia para no recordar la situaciones de estrés máximo ) y cómo conseguí de alguna forma fijar una segunda reunión para profundizar en el tema y conseguir que esa reunión tan sólo fuera una puesta en común para fijar los objetivos de la siguiente reunión que, ya de verdad, sería la de presupuestos, y a la que acudiría el gerente, que era el que sabía. ( Más que yo sabía, eso seguro ). Quizá al final logré la indulgencia de los asistentes a la reunión ( pusieron el pulgar mirando hacia el techo ), que entendieron que mi presencia allí estaba sobreestimada y que, en aras de la eficacia, sería mejor plantear la reunión por partes.

Como, una vez más, la evaluación del trabajo del consultor es por resultados, tengo pleno convencimiento de que esa reunión tuvo un efecto negativo en mi evaluación de final de proyecto, y daba igual que yo fuera una víctima de las circunstancias y de la mala gestión del equipo y del cliente. Pero así es la vida del consultor.

7.- Una lección aprendida para el resto de mi vida es la importancia de ser discreto cuando estás rodeado de personas anónimas. Yendo en el autobús del aeropuerto que nos embarcaba en el avión de regreso a casa un viernes ( no teníamos “finger”, curioso término que se emplea en castellano, cuando en inglés se dice "jet way" ), estábamos el otro senior y yo comentando entre nosotros ( no a gritos ) aspectos del proyecto ya en curso. Una de las cosas que comentamos es que la especialización de las rutas de los vendedores podría dar lugar a que sobraran personas en la red de ventas cuyo destino podría ser incierto dentro de la empresa. En ese momento una chica que teníamos a nuestro lado, de pie, sujetándose en la barra del autobús para no caer, se nos giró y dijo : “¿Y vais a despedir a muchos? Es por si me afecta, yo trabajo allí”. Una vez más los consultores avezados trataron de salvar la situación comentando que sólo eran escenarios posibles y potenciales, que lo más normal es que no fuera así, bla bla bla. En cuanto pudimos hablamos con los gerentes y con el socio para que supieran lo que nos había ocurrido, aun sabiendo la bronca que nos caería, para que estuvieran preparados por si recibían una llamada caliente desde la presidencia o la dirección del cliente. Creo que no tuvo más consecuencias el percance, pero una cosa nos quedó grabada a fuego : Nunca hables en sitios públicos de cuestiones profesionales. Siempre hay más gente de la que imaginas escuchando y siempre puede ser quien menos tiene que oírlo. No se me ha olvidado nunca.

8.- ( y última, siento que esta entrada sea tan larga )- Fue en estos viajes de ida y vuelta cuando tanto el otro senior como yo descubrimos una de nuestras pasiones ocultas : ser "follow me" de aeropuerto. Cuando regresábamos los viernes por la tarde, con la corbata desanudada o en el bolsillo de la chaqueta y unas ganas locas de "desparramar" durante el fin de semana ( éramos solteros ), nos gustaba contemplar cómo un automóvil pequeñito y amarillo salía veloz a la caza del avión recién aterrizado, se ponía delante ( como David ante Goliath ) y decidía por dónde tenía que moverse el artefacto desde ese momento hasta dejarnos "aparcados". Luego se iba, igual de veloz que llegó. Nos parecía que trabajar en algo así, todo el día correteando en un espacio sin apenas obstáculos, "dándole caña" a un coche que no era tuyo, persiguiendo aviones, sería bastante menos estresante que nuestro trabajo. En fin, eran veleidades naïf de dos mentes estresadas y cansadas que regresaban a casa.

Fueron casi cinco meses de trabajo, pero tan intensos, que me parecen años. Aprendí mucho en este proyecto, en relación con muchos aspectos profesionales, como ya he expuesto. Con la perspectiva del tiempo, me queda claro que la dificultad del proyecto necesitaba un perfil más experto y experimentado en el equipo de trabajo. Desde luego, en mi caso fue así. Se me pidió muy por encima de lo que podía dar. Eso está muy bien por una parte, porque tira de ti y te fuerza a avanzar a toda máquina aprendiendo. Pero para un plazo de tiempo tan corto, genera ineficiencias en el proyecto que redundan en lo profesional y en lo personal. En ocasiones me sentí abatido. No sé si el no disponer de un adecuado equipo de trabajo acorde con las exigencias del proyecto estaba relacionado con un tema de “billing” interno o de escasez de recursos en ese momento o que las expectativas puestas estaban sobredimensionadas. Al final sobreviví, y las heridas dejaron cicatrices edificantes ( en todos los sentidos ) en mi persona de consultor imperioso.

Por cierto, fue en este cliente donde conocí a la que luego sería mi mentor, en realidad mentora, ( la persona que tutelaba tu carrera profesional dentro de AC, una mezcla entre “consuelor” y “coach” que evaluaba tu estela conforme la ibas caminando ). Había acudido al cliente pero no al proyecto, sino que estaba desarrollando un enfoque de fusión empresarial cuyos detalles no recuerdo. La conexión personal con ella fue inmediata y con mucha química, hablando de muchos temas personales ( estaba pasando por una situación personal complicada que no voy a mencionar ), percibiendo que era una persona sensible, honesta y buena, pura como el agua (¡!). Con el tiempo la traté más y siempre me pareció una excelente profesional, de las que trabajan con ganas, con convicción, avanzando, siempre adelante; de las que también, por ser mujer, tuvo que demostrar dos veces lo mucho que valía. Creo que el tiempo le ha recompensado el esfuerzo, pues llegó a tocar el cielo en AC. Hace tiempo que perdimos el contacto ( aunque cuando tengo ocasión pregunto por ella ), pero deseo que le vaya muy bien, personal y profesionalmente, porque se lo merece.

domingo, 20 de abril de 2008

15 - Mi segundo cliente : los pescateros (I)

Este fue sin duda mi primer proyecto difícil y complicado. Hasta ese momento, había trabajado mucho, había aprendido mucho, pero no se puede decir que lo que hice me resultara difícil o complicado. Posiblemente, aparte de la propia dificultad del proyecto, tenía que ver que lo que se pedía de mí ya no era haz-esto-haz-lo-otro sino que tenía que definir mi propio producto final, tenía que avanzar en la jungla yendo yo en cabeza en algunas ocasiones con el machete degollando lianas. Hasta ese momento yo era un porteador con la mercancía en la cabeza, caminando tras los pasos de su amo. Ahora la cosa cambiaba.

Este cliente estaba situado en una esquina de nuestro país, donde el marisco es delicioso y los atardeceres junto al mar conmovedores ( mientras veía atardecer, continuaba trabajando durante varias horas más, así que eran tan sólo atardeceres tras un cristal, y encima era verano ), una ciudad con la que ahora por motivos personales tengo bastante relación pero que, en aquel proyecto, tan sólo era el sitio adonde yo iba a trabajar los lunes y de donde regresaba los viernes ( si las nubes del aeropuerto nos permitían despegar ).

Una de las cuestiones que tuvimos que resolver ( éramos tres personas al principio y cinco después ) era la intendencia y la logística : buscar casa. Al principio íbamos a hoteles pero luego tuvimos que buscar un piso de alquiler, por cuestión de costes de proyecto. Ahora que lo veo, me sorprende que nuestra empresa no tuviera un departamento que gestionara y resolviera estas cuestiones para sus empleados ( quizá ahora ya sí lo tiene ). Sin embargo, éramos nosotros los que al atardecer recorríamos la ciudad buscando pisos de alquiler, éramos nosotros los que cerrábamos el precio y pedíamos un contrato y, si nuestra empresa aprobaba todo, entrábamos a vivir. El piso que alquilamos se mantuvo en alquiler años después para otros consultores de AC que iban a trabajar a esa ciudad. Recuerdo que el proceso de decisión sobre el piso fue complejo debido al profuso análisis multifactorial que tuvimos que hacer : una casita en primera línea de playa ( algo que servía de poco teniendo en cuenta nuestra jornada laboral ) pero alejado varios kilómetros del cliente o un piso en primera línea de marcha ( algo más adecuado a dicha jornada, pues siempre teníamos una hora para tomar unas copas ). También que fuera amplio y tuviera un dormitorio para cada uno de nosotros. Que fuera moderno o antiguo. Que se ajustara en precio a lo que exigía la firma. Que incluyera servicios de limpieza, lavandería y planchado, algo fundamental cuando trabajas 12 horas diarias.

Finalmente escogimos un piso de unos 200 m2 y de unos 200 años de antigüedad en una de las mejores zonas de la ciudad, rodeados de garitos de copas y con un gimnasio a la puerta. Era un piso más bien siniestro, con suelos de madera que crujían al pisar, con techos de 3 metros con escayolas y volutas, con unos muebles decimonónicos y fotografías de gente que seguro que ya estaban muertos ( la propietaria nos dejó todos los adornos de la casa ), donde por la noche se podían escuchar todo tipo de crujidos y ruidos inidentificables. De hecho ideamos y creamos la leyenda de que el piso tenía un fantasma ( lo pusimos como nombre la versión masculina del de la casera, en su honor ) y años después, ya fuera de allí, todavía nos llegaron comentarios e historietas sobre un piso en esa ciudad con un fantasma que se llamaba así.

El cliente era ( y es ) un líder en su sector y nuestro trabajo iba a consistir en realizar una reingeniería de la fuerza de ventas. Era el momento en el que la palabra reingeniería estaba en boga y pusimos en práctica una metodología específica existente de reingeniería de procesos ( BPR ).

El equipo era bicéfalo ( tanto en cuanto a gerentes como en cuanto a Seniors, yo era todavía Semisenior y durante este proyecto me promocionaron a Senior, pero, a todos los efectos, mis funciones eran de Senior desde el comienzo ) porque constaba de dos “approaches” diferentes que se iban a complementar : el estratégico ( uno de los senior era un tío de Estrategia, una de las competencias típicas ) y el de sistemas ( yo era el senior de Sistemas ). La complementación fue eficaz e intensa : yo aprendí mucho del de estrategia y él aprendió algo pero no tanto, creo yo, de mí. Con deciros que yo le enseñé a formatear los disquetes ( eso de "format a:" era todo un mundo para él ). De él y de la parte de estrategia del proyecto aprendí : la metodología para elaborar cuestionarios externos ( se enviaban a los clientes, a los clientes de este cliente nuestro ) e internos ( se enviaban a los trabajadores ) para analizar la situación actual del cliente y calcular el “gap” ( aquí aprendí este concepto ) que nos distanciaba de la situación objetivo ( que había que saber definir ); lo que era un plan de dirección por objetivos ( DPO ), los incentivos, que han de ser “pocos, medibles y realistas sin ser sencillos”; las ideas sobre especialización de una red de ventas orientada más al producto que a la ruta física y geográfica para que dejen los vendedores de ser meros “recogepedidos” y desarrollen una labor de preventa real y postventa eficaz; el concepto de “KPI” para el seguimiento de resultados en la consecución de objetivos, lo que era un cuadro de mando para los directivos, los conceptos de rentabilidad por cliente y cuenta de resultados, el diseño y análisis de rutas de reparto, etc.

Otra cuestión que aprendí es que muchos fabricantes pierden dinero produciendo “marca blanca” ( o marca del distribuidor ) para sus grandes clientes distribuidores ( por las duras negociaciones que establecen argumentadas en el gran volumen que les compran, “si no pactamos este precio, no te compro y tú sabras qué haces con tanta producción excedente” ). No obstante, no pueden dejar de producir para ellos, precisamente por el gran volumen que les fabrican. Si dejan de producir tanto, tienen que parar las líneas de producción, y eso es todavía un problema mayor. Así que prefieren perder dinero con estos grandes clientes ( rentabilidad negativa ).

Otra cuestión que me viene a la mente sobre estas marcas propias de los distribuidores, es que en ocasiones el producto es exactamente el mismo que el de la marca del fabricante. Están juntos en el mismo lineal a distinto precio y con distinta marca ( más barata la del distribuidor, lógicamente ), pero son el mismo. El más barato, lo es porque la negociación de precios de compra ha sido muy dura ( rentabilidad negativa ) y ese menor coste lo traduce el distribuidor a un menor precio de venta al público; pero además es exactamente el mismo porque al fabricante le costaría más cambiar el proceso productivo para producir un producto de “menor calidad” ( o menor coste ) que fabricar el mismo pero envasado con la marca del distribuidor o con la de ellos, según los pedidos. Son paradojas de la industria, pero es así. El consumidor exigente a veces paga más caro el mismo producto que el que compra la marca más barata, pero ambos consumen lo mismo exactamente. Una vez la forma y el fondo, como tantas otras cosas en esta vida.

De mi parte de sistemas, lo que aprendí es lo peligroso que puede resultar ponerse a hacer lo que se llamaba “fontanería de sistemas” : como cambiamos los procedimientos de trabajo, el reporting y los indicadores de seguimiento pero la información sigue estando ahí, pues basta con hacer una pequeña fontanería de sistemas para obtener el nuevo “output”. ¡Y una m…erda! La fontanería se puede convertir en un galimatías de mucho cuidado, si no realizas un estudio profundo del modelo de datos y las bases de datos, si no entiendes bien de dónde se obtiene el “output” actual de cara a cambiar al nuevo, si no cuentas con personal experto y dispuesto del cliente que te indique por dónde estás caminando, si cuentas con apenas un mes para hacer la fontanería. Vamos, que donde tan sólo ibas a cambiar un grifo de doble llave por uno monomando con termostato, te encuentras con la casa inundada, porque resulta que ese grifo conecta con 50 grifos más y ya lo has j…dido todo. Si hubiéramos implantado un sistema DSS ( acabo de recordar mis pinitos con DSS Agent, pero eso en otro momento. Tiene gracia que exista un spyware con ese nombre ) o algo similar, el cuento hubiera sido distinto, pero, claro, implantar un DSS de fontanería no tiene nada. Al final la “fontanería” se aplicó, pero a costa de muchas más horas de trabajo que las inicialmente previstas ( unas se consiguieron cobrar al cliente, otras a cuenta del "overtime").

Del enfoque del equipo de trabajo aprendí los riesgos existentes en las direcciones bicéfalas ( dos gallos en el gallinero ) : estar al mando de 2 gerentes a la vez nos volvía locos. Que si uno exigía presentaciones simples, con poco texto, letra grande y mucho gráfico. Que si el otro quería escribir El Quijote en cada “slide” de Power Point. Que si uno apostaba por un enfoque y el otro por el opuesto. Menos mal que los senior nos complementamos bien y colaborábamos de común acuerdo ( en ocasiones ignorando las directrices de los dos gerentes y “tirando por la calle de en medio” ). Uno de los gerentes era "gerenta" - de hecho, la gerente de mi primer cliente -, el otro uno cuyo apellido era muy apropiado en ese cliente. Por cierto, la primera estaba embarazada de su segundo hijo, y, recuerdo, yo lo pasaba mal al verla trabajar tantas horas en su estado, e incluso la animábamos a que marchara al hotel a descansar. Pero ella insistía, tan profesional y entusiasta como era.

Del cliente aprendí que los tópicos sobre la personalidad distinta de cada autonomía pueden llegar a ser ciertos. En ocasiones nos volvíamos locos para entender lo que querían realmente. Además, sibilinamente, nos sometían a exámenes improvisados entre café y café para evaluar realmente lo que sabíamos. La realidad es que fue un cliente difícil, exigente, cambiante, donde además existía un juego político importante entre las distintas divisiones de la empresa por cómo les iba a afectar la reingeniería ( algunos despidos inevitables, cuotas de poder en juego, jaquemates entre direcciones ). En este cliente pude comprobar cómo en ocasiones el cliente expone al consultor como el ogro que ha decidido todo cuando en realidad lo que hace es emplearlo para cortar cabezas y repartir mierda con la garantía de siempre poder echarle la culpa al consultor. Es el papel del consultor para respaldar cambios drásticos en las compañías : “ellos han dicho que hay que hacer esto”, cuando en realidad es la Dirección la que habla por boca de los consultores.



( To be continued.... )