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lunes, 3 de marzo de 2008

4- Proceso de selección

En AC el proceso de selección era ( y es, supongo, aunque Margarita García ya se ha jubilado; si bien espero que haya dejado buena escuela ) muy riguroso. Primero elegían los mejores expedientes de sólo determinadas carreras ( en el año que yo entré sólo buscaban Ingenierías Superiores, Licenciados en Informática y Licenciados en Económicas y Empresariales y quizá algunos Matemáticos ). Mejor expediente significaba no haber repetido ningún curso y tener una nota media de notable para arriba. Tras ese “screening” inicial de CVs te convocaban para realizar unos test ( los famosos psicotécnicos y unos de personalidad ) por los que seleccionaban determinado perfil de personas ( inteligencia abstracta, razonamiento, rapidez mental, atención al detalle, estabilidad emocional, proactividad, .... son algunos de los que se me ocurren ). Tras superar los tests venía una entrevista con el psicólogo ( la mía fue con un psicólogo cuyo nombre no recuerdo, que me pareció muy agradable ) y si todo era positivo pues pasabas a dos entrevistas finales con gerentes de la firma.

Uno de los gerentes ( un argentino afincado en España que luego me contaron que tuvo problemas con la justicia ) era la antítesis del otro ( un obeso bonachón que todo lo veía de color de rosa ). El argentino era frío, serio, adusto, directo y duro. Fue el que comenzó a revelarme la verdadera personalidad de AC, describiéndomela con tintes casi de secta. Entre otras cosas me dijo ( y lo digo literal porque se me quedó grabado en la memoria ) : “en esta empresa te vamos a extraer hasta la última gota de tu sangre” y “te vamos a enseñar a vestir, a comer y a comportarte”. No sé si respondía a una estrategia de poli-bueno-poli-malo lo de los dos gerentes tan dispares. En cualquier caso estas palabras no consiguieron amedrentarme. ( Años después yo realizaría labores de “recruiting” igual que estos gerentes, lo cual me supuso una experiencia muy gratificante que, a la vez, me liberaba de las tensiones de los proyectos que llevara en ese momento ).

Cuando regresé a mi casa por la tarde después de la segunda entrevista, ya tenía en el contestador un mensaje informándome que había sido seleccionado y que a primeros de año me llamarían.

Y así fue. Contrato indefinido con periodo de prueba de seis meses, 3.000.000 ptas brutos anuales en 14 pagas, 1 mes de vacaciones y 2 semanas adicionales más de vacaciones ( navidad y semana santa ) a cuenta de trabajar 1 hora más ( oficialmente, claro, de esto hay mucho para contar ) de lunes a jueves. Horario oficial : de 9 a 19 h de lunes a jueves con 1 hora para comer y de 8 a 14h los viernes. ( La realidad del horario, como ya podéis imaginar, fue otra bien distinta por razones varias : “overtime” cultural, ineficiente planificación consciente de los proyectos, reducción de costes para asegurar la rentabilidad de los proyectos, etc... De todo ello hablaremos ).

Aunque no figuraban en el contrato, pero se exigieron otras condiciones laborales : nada de tatuajes ni piercings ni melenas ni camisetas de Iron Maiden bajo la camisa de popelín, siempre con traje a trabajar ( salvo los sábados y domingos que se podía ir de “casual” ) y en colores oscuros ( azules y grises ) con corbata discreta, calcetines negros y camisas lisas. Por supuesto, nada de camisas de manga corta en verano. Con el tiempo, estas exigencias en el vestir fueron suavizándose y en mis últimos años se veía normal llevar trajes claros en verano, camisas a cuadraditos o rayas, corbatas a lo Carrascal y camisas de manga corta. Esto para los hombres. Para las mujeres había también un “dress code”, que regulaba la longitud de las faldas, prohibía los pantalones, condicionaba los colores ( siempre mucho azul ) y hasta los peinados. Igualmente para ellas, este se fue relajando con el tiempo y las exigencias se redujeron.

Recuerdo también otra recomendación ( exigencia encubierta ) : nada de llevarse el "tupper" de paella a la oficina. Éramos consultores, con un buen sueldo, y debíamos comer fuera en algún restaurante.

3 - 1992 : Nace un consultor

Pues así es. Tras estudiar la ingeniería de turno por motivos no vocacionales sino como forma de acceder al mercado laboral al que la vida nos arrastra de forma inexorable, a primeros de 1992 me incorporo a una de las grandes ( de hecho, la más grande ) de la consultoría : Andersen Consulting, en adelante AC. ( Para el que no lo sepa, durante un tiempo hubo y creo que sigue existiendo una página web que parodiaba a AC y era un foro de opinión y crítica a la empresa, pero de forma sana. Se llamaba Big Time Consulting. La página web todavía está y dispone hasta de “merchandising” específico. Actualmente el contenido que tiene son viñetas de cómic sobre situaciones del día a día del consultor-remero, otro término que aparecerá más adelante. Divertida y recomendable ).

Ahora llamada Accenture, en aquel tiempo estaba recién escindida en España de Arthur Andersen aunque a nivel “guorldguaild” eran el mismo grupo. Lo que 30 años atrás era un negocio de auditoría desarrolló una unidad de negocio dedicada a la consultoría que creció tanto que pasaba por encima de los auditores y terminó escindiéndose en una empresa distinta : AC. Arthur Andersen continuaba auditando, si bien volvió a crear de nuevo otro hijo consultor, llegando a competir ( pero sólo lo intentaba ) con AC. Esa filial consultora pasó a llamarse Bearing Point posteriormente y luego fue vendida a otra consultora y desapareció. La historia del nombre “Andersen” es muy interesante, pues fue objeto de arbitrajes y demandas millonarias entre unos y otros. Los auditores demandaban una pasta indecente a AC por utilizar la palabrita del escritor de cuentos. Un arbitraje internacional decidió que de pasta nada de nada ( creo que fue una cantidad ínfima frente a lo que los auditores demandaban ) pero que tenía que eliminar la palabrita del nombre de su empresa. Así fue como a finales de los 90 surgió el nuevo nombre : Accenture. Este nombre se eligió entre un concurso interno por el que los propios empleados de la firma en todo el mundo propusieron nombres, resultando elegido éste como el nuevo de la compañía. Creo recordar que Accenture significa “Accent on future” y que el hecho de que comenzara por “A” fue un factor importante para elegirlo ( por cuestiones de marketing y publicidad ). Tras ello, después de tanto pelear por el nombrecito dichoso, al que se le suponía un “goodwill” enorme y se consideraba un activo intangible valiosísimo como marca, en cuestión de meses consiguieron destruirlo y reducirlo a un “badwill” ( caso Enron y demás ). ¡Qué bien lo hicieron los consultores, consiguieron desprenderse justo a tiempo del marrón de ver devaluada su marca y además desprenderse de ella les supuso un reducido coste económico. Muchos socios consultores se secarían la frente de sudor desde las plantas 29, 30 y 31 de la Torre Picasso, cuando vieron que de repente “Andersen” no valía ya nada como nombre y que meses antes se habían desprendido de él.

El cómo llegué a Andersen fue porque ellos me buscaron. Ya en sexto de carrera y con el proyecto fin de carrera a medias me llegó una carta donde una empresa de consultoría ( ¿eso qué es? ) se me presentaba y me ofrecía que enviara mi CV para un próximo proceso de selección. Una cuestión curiosa e importante es cómo obtuvieron mis datos. La LORTAD tendría que decir mucho al respecto hoy en día, pero eran otros tiempos. Todo me hace pensar que de alguna forma disponían de información de estudiantes de último año, con nombre, apellidos y dirección al menos ( me llegó una carta a mi domicilio de aquel tiempo ). Pero no sólo eso. La carta nos llegó a todos mis compañeros de último año sino sólo a unos pocos y curiosamente todos éramos los que teníamos mejor expediente ( no es vanidad, ni mucho menos ). Eso significa que disponían de algo más de información. Quizá la memoria me falle y en algún momento al formalizar la matrícula de último año firmamos una autorización para ceder nuestros datos a empresas en busca de personal, pero, sinceramente, no lo recuerdo así.

Sea como fuera, en realidad me da igual cómo llegaron a mi y en todo caso estoy agradecido pues me pusieron en bandeja la incorporación al mundo laboral. Fue mi segundo proceso de selección y ya tenía trabajo, en unos años donde los últimos vagones de empleo estaban pasando.